02 octubre, 2009

El triunfo moral

Martinez lo mira por TV - Copa Libertadores
UC 2 - América O
Jueves 17, a las 20:30
Fox Sports

El término no tiene prestigio y más acarrea burlas que otra cosa, por el abuso y el mal uso, pero es algo que a veces sucede en el fútbol.
Sucedió, por ejemplo, con el triunfo de Universidad Católica sobre América. Fue 2 a 0 y no le alcanzó, porque faltó lo mínimo-otro gol-. y con eso quedó fuera de la Copa Libertadores.
La culpa, es decir los goles y puntos perdidos, estuvo en los partidos anteriores y en derrotas a última hora durante febrero o marzo. Pero en San Carlos de Apoquindo la gente está pendiente del encuentro con los mexicanos, donde se gana y sin embrago se pierde la clasificación.
El público en las graderías, al final de los 90 minutos, se pone de pie y aplaude.
El equipo sudoroso se despide desde el centro de la cancha y levanta los brazos.
Hay alegría en las tribunas y satisfacción en los jugadores.
Existe un estado de ánimo compartido entre la UC y sus hinchas, que se toman el tiempo para quedarse y brindar ese aplauso largo ya afectuoso.
Es el reconocimiento a una tarea bien hecha, por esa correspondencia entre lo que dijeron y lo que hicieron: iban a dar todo y lo diron. No se pudo, y eso es harina de otro costal.
El equipo y los espectadores, en lo que se llama su fuero interno están orgullosos. Orgullosos por dentro y sinceramente, en todos los aprtidos se encuentran goles, talentos y errores, pero no siempre respeto, vergüenza y coraje.
Y esta vez lo encontraron: los que jugaron y los que fueron al estadio. Lo sucedido es infrecuente, ocurre muy de tarde en tarde y se llama triunfo moral. Es algo desprestigiado por los hechos concretos: éxito o derrota, blanco o negro.
Esto es abstracto y más íntimo, porque no sube al marcador, tampoco da puntos y a los ganadores no les entra en la cabeza lo del triunfo moral. Lo repudian y se ríen, lo desprecian y desprestigian, porque de alguna forma desordena un mundo conservador, jerárquico y cómodo, donde ganan los mejores y pierden los peores. Que siempre son los mismos, en ambas categorías.
El triunfo moral, en rigor, desarma lo anterior y establece algo que está fuera del esquema: un equipo fracasa, no logra su objetivo y, sin embargo, sale entre aplausos, cariño y vítores. Esto es algo inconcebible, está fuera de la lógica pura y dura de los triunfadores, y por eso es un bien abstracto: lo que se vio en ese partido fueron valores y por eso el triunfo moral.
Empuje y esfuerzo, dejar la piel en la cancha, soportar la mala suerte, aplaudir al arquero rival, seguir con el último aliento y hasta el último minuto.
Los hinchas, en esa noche de victoria con derrota, renovaron sus votos con el equipo, no sólo con el cuadro del Apertura 2008, también con los equipos del 90 o 70, con los del 50 o con los que vendrán en el futuro.
Esas cosas se consiguen con partidos luminosos, escasos y cruzados por el rayo del triunfo moral.
Volvieron a jurar y a comulgar: van a ser de la UC hasta que la muerte los separe.


Antonio Martinez
--

Cuando leí esta columna conseguí una respuesta que quizás muchos buscan: por qué ser de un equipo que no es el más ganador, no es el que lleva más gente, no es el mas destacado internacionalmente y finalmente no te da más "alegrías". Hay algo mucho más fuerte atrás, un lazo indestructible que se traspasa de generación en generación. La Católica tiene un valor abstracto -como se menciona en la columna- que ningún otro equipo en el mundo tiene. Aunque seamos punteros invictos o estemos peleando el descenso, siempre voy a estar orgulloso de ser de la Católica, digan lo que digan.

No hay comentarios:

Publicar un comentario