Hace un poco más de un año, cuando todavía no amanecía, miles de cruzados repletaban el complejo deportivo Raimundo Tupper, más conocido como San Carlos de Apoquindo para acceder a una entrada para el último partido de un campeonato histórico, en el que casi con seguridad, Universidad Católica bajaría su décima estrella ante un prácticamente descendido Everton de Viña del Mar.
Escribo esta columna antes del partido, porque creo que el resultado de este no condiciona en nada lo que quiero comunicar. Lo que pasó antes del partido con Everton fue impresionante, la efervescencia que se vivía antes de ese partido, hinchas llegando de todos lados para estar presentes en un día histórico, haciendo grandes sacrificios físicos, familiares y monetarios para estar. Muchos no entendían porque su equipo, el equipo de su vida, el equipo por el que daban la vida, tenía un estadio “tan chico” para una hinchada tan grande que simplemente ya no cabía en San Carlos.
Un año después, esta tarde, el mismo equipo que tanta efervescencia producía, los mismos colores que generaron que miles y miles de personas hicieran horas de fila por una entrada, se presentan en el Estadio Nacional, con la tarea de dar vuelta un resultado adverso, con un equipo que parece hospital clínico y ante el rival histórico que vive su mejor año en 84 años de historia.
Una misión difícil, imposible dirían algunos. Imposible como en 1994, jugando con dos jugadores menos. Imposible como en Argentina, en una cancha que ningún chileno había ganado, con un marcador lapidario: 3-1 para el local. Imposible como en el Monumental, con Paredes inspirado poniendo el 2-0 a los 20 minutos de juego. Imposible. Imposible como en el 2010, después de perder el “patidoclave del año” ante Colo-Colo que sacaba 10 puntos de ventaja a 7 fechas del final, imposible.
Creo que se dan cuenta a lo que voy. En el fútbol, tanto como en la vida, no existen imposibles, sólo existen mediocres, conformistas y resignados. La Universidad Católica, NUESTRA Universidad Católica se juega hoy la oportunidad que venimos esperando todo el semestre, cerrar la herida que quedo en el apertura, o por lo menos lavarla y nosotros: ahí, conformándonos, resignándonos, excusándonos. Y no está bien viejo, no es un partido más.Tenemos MUCHO que perder, y el equipo, hoy nos necesita más que nunca, muchísimo más que hace un año anteEverton y no somos capaces de agotar las Galerías a disposición llenándonos de excusas. Los que no tenían plata el año pasado, ¿Acaso no estuvieron en San Carlos peleando una entrada? Claro que si. Los que tenían comidas familiares, despedidas, cumpleaños, trabajo, estudio, familia el Domingo que bajo la décima, ¿Acaso no lloraban por una entrada igual? Si me dicen que no, no les creo.
Excusas hay miles, huevos hay pocos. Porque puta que hay que tener huevos para ir al Nacional hoy. Pero la fé de los que vamos a estar, sigue intacta, porque nuestra historia nos ha demostrado que nuestra Católica no conoce imposibles, que en las derrotas y en la adversidad se hace fuerte y que mientras estén los colores en una cancha, ahí vamos a estar los de siempre, los de verdad, alentándola a morir.
Pd.: La venta de entradas es en San Carlos hasta las 17:00 Horas. Quedan más de la mitad de las entradas. Si no están hoy día en el estadio, no existen y no tienen cara para llorar por una entrada cuando estemos cerca de bajar una nueva estrella.